Carta a la noche más larga
- Revista Luna: VDP
- 26 ene 2021
- 2 Min. de lectura
Por Mayevi Hadith
A ti (anónimo eclipse, solsticio en invierno):
Las palabras de esta carta surgen rememoradas de un pasado oscuro. En mi vida las noches suelen ser amigas que llegan ambivalentes a ofrecerme estrellas para poder quererlas. Pero en la noche más larga, previo a mi invierno, oscureció mi vida, en las horas del día. Un eclipse, que cruzó mi cielo. Un amor, que no llegó a tiempo.
Entenderás que el motivo de estas letras no es un reproche, no es un saludo esperanzado. Es simplemente un anhelo. Nuestro tiempo fue corto y limitado. Como el solsticio, que no dura tanto. Llega apenas en invierno y vuelve para el verano. Pero tú, querido amigo, jamás volviste y te llevaste tanto. Sin embargo, lo que más sufrió mi alma fue que te llevaras las últimas palabras. No quedó espacio en tu tiempo, para excusarme con el “te quiero”. Mi confusión era tan grande, que no podía animarme. Sabrás bien que no era cierto. Era un capricho a causa del frío en mi centro. Eran los grifos de un amor congelado que hicieron voltearme a la tibieza y novedad que traía tu abrazo. Eran tu voz y tus palabras eruditas que me seducían más que tu cuerpo y tus sentimientos. Era la ilusión de obtener un algo más, imposible a la vez.
No. No te quería y no era amor. Pero sin duda y a pesar de todo, merecíamos encontrar siquiera la palabra que pudiera definir lo que queríamos ser, a lo que jugábamos. No era ser amantes, no era ser amigos. Era ser seguidores de la “sophia” y del misterio de “psi”. Sin embargo, reinaron los vulgares “no puedo” y “no debo”. Se colaron los “otro” y “la suplente”.
El compromiso ya existía, pero la infidelidad le clavó la flecha. Fue un acto puramente de la mente, no del cuerpo. Porque la carne nunca estuvo involucrada. Era la sed de la aventura, de la fantasía, de las respuestas a todas las preguntas del cosmos.
Comprenderás, como yo, que todo fue un juego indoloro para ambos. Más lastimamos a quien me amara. A quien aún amo. Pero de algo sirvió todo aquello para entender que no podría yo amar sin amarme y respetarme a mí misma, antes. Que el cuerpo no es el único que peca, es también la mente. Y que si se busca compatibilidad no debe husmearse entre el zodiaco, sino en el alma, la mente y el cuerpo. Ser infiel no es solo sexo. Es también imaginarlo y es soñarlo. Todo eso lo entendí ya tarde, fue alto el precio.
Sin embargo, estas palabras son únicamente para decirte lo que nunca pude y quedó en receso. Esperé el correr irregular de las estaciones centroamericanas, el correr de los días cálidos y las noches de lluvia, los días fríos y nublados. Las tormentas que arrastran huellas. Las pandemias que se llevan vidas. Los equinoccios en los que sané. Los veranos en que me renové. Y nuevamente es invierno y sigo sin poder decirte (por eso escribo): adiós… eclipse.

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